El pasado mes de noviembre, el boletín de la Organización Mundial de la Salud nos sorprendía con este titular “Trabajadores sanitarios de rango medio, tan eficientes como los médicos”.

Espacios y
herramientas
Construyamos
espacios y
generemos
herramientas.
Encendamos
los ordenadores,
desempolvemos las
tapas del libro y que
se abra el telón.
He aquí un lugar
donde el que cuenta
eres tú, enfermera
y, sobre todo,donde
contar cuánto
cuentas

Según un estudio internacional que se está llevando a cabo dentro de una línea de investigación de salud pública, destinada a la cuestión del personal sanitario necesario para el avance de los países o la conservación de la cobertura universal de los servicios de salud, la atención prestada por los enfermeros en diversos campos de salud como la prevención, las enfermedades cardiacas, la diabetes, los problemas de salud mental y de infección de VIH, resulta tan eficaz como la prestada por los médicos: incluso en ciertas áreas de salud mejor que la de los médicos. Uno de los autores del estudio, el Dr. Giorgio Cometto, señala que “los modelos tradicionales de atención, dominados por médicos que proporcionan servicios curativos costosos en los centros de atención terciaria, tienen sus limitaciones (…). Al otorgar el papel más relevante a los trabajadores sanitarios de rango medio, los servicios de salud pueden responder mejor a las necesidades de los ciudadanos”.

Los resultados del estudio llamaron mi atención no por las conclusiones a las que llega, (eso de que las enfermeras salvamos vidas a bajo coste es uno de mis convencimientos); sino por cómo se ha medido o cuantificado (cómo han calculado o contado), y por cómo se ha construido el discurso en el texto (cómo se ha contado). Los enfermeros sabemos que al final de una jornada de trabajo hemos cubierto muchas necesidades de salud de las personas y este hecho forma parte de nuestra motivación intrínseca. Éste es el motor de nuestro trabajo como servicio a la sociedad. Bien sea en contacto directo con nuestros pacientes o bien sea desde un puesto de gestión de camas, por ejemplo, el resultado de nuestro trabajo afecta directamente al bienestar y a la salud de la población; pero no sabemos ponerlo en valor. Carecemos de herramientas para cuantificarlo, y también de habilidades y de conocimientos para ponderar la importancia de nuestro trabajo. Nos han enseñado a contar e incluso nos proponen continuamente herramientas donde registrar las técnicas que ejecutamos, pero nadie nos ha enseñado a valorar ni a registrar lo que realmente cuenta de lo que hacemos. Carecemos incluso de espacios para contarlo, tanto de redes como de escenarios donde brillar como protagonistas del estado de salud de las personas e incluso, como sustento fundamental de la atención universal y de la calidad de los sistemas de salud de los países, tal y como concluyen los expertos. Construyamos estos espacios y generemos estas herramientas. Encendamos los ordenadores, desempolvemos las tapas del libro y que se abra el telón. He aquí un lugar donde el que cuenta eres tú, enfermera y, sobre todo, donde contar cuánto cuentas