El siglo XXI se caracteriza, entre otros aspectos, por el acceso a la información y al conocimiento, la interrelación con otras culturas y sus necesidades de salud, las modificaciones en el ámbito laboral, los nuevos hábitos de vida y modelos de familias y, sobre todo, la rapidez con que se producen los cambios y el aumento de las desigualdades de salud entre las personas.

El pasado 8 de marzo, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, conocíamos la brecha de género en educación existente en nuestro país gracias a los datos del informe PISA elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

Existe una gran variedad de contextos donde los enfermeros trabajamos más allá de nuestra presencia habitual en hospitales y centros de salud; ejército, prisiones, colegios, residencias, polideportivos, ONGs, petrolíferas…

Durante varios años tuve la ocasión de trabajar en la unidad de oncología de un hospital pediátrico donde los estándares de calidad conseguidos eran altos y el ambiente laboral bueno.

El pasado mes de noviembre, el boletín de la Organización Mundial de la Salud nos sorprendía con este titular “Trabajadores sanitarios de rango medio, tan eficientes como los médicos”.